Ya lo habéis visto en la anterior entrada: Me he partido una pierna (aplausos). Siguiendo mi tónica no lo he hecho de manera corriente (otra manera de decirlo es que sigo dando la nota haga lo que haga). Empezando por dónde y cómo me escoñé y siguiendo por los resultados del castañazo. Porque sí, el donde y cómo son de importancia vital sobre todo si ocurre en el extranjero. Pero empezaré por el principio:
Tres compañer@s de la universidad (leáse Cibeles, Fallen y Seldon en estricto orden alfabético) y el menda nos las prometíamos muy felices con una semana de vacaciones en los pirineos franceses para esquiar. El nene hacía unos 10 años que no esquiaba (una década para una persona que no ha llegado a sus bodas de plata con la vida pues es un trecho) así que imaginaros como estaba ante la perspectiva de volver a hacerlo. Brincaba y saltaba de alegría (quizás demasiado).
Llegamos el día 2 de abril (sábado) a Luchon (a unos 30 km al norte de Baqueira) y el día 3 empezamos a esquiar. Mientras los novatos tomaban una clase de ski con un profesor, Cibeles y yo hicimos nuestro primer contacto con la nieve. No pudo ser mejor la primera bajada, no lograba hacer un paralelo perfecto pero vi que mis piernas no habían olvidado lo aprendido antaño y me sentía seguro y feliz. La segunda bajada fue la mala. Ya sabiendo que podía, que era pan comido, que podía hacer el capullo, la cagué. Y es que por mucho que haya esquiado de pequeño, nunca supe saltar. A mí lo que me gustaba era deslizarme cuanto más rápido mejor, y siempre que mis piernas me impulsaban en un salto era preludio inequívoco de una warrazo. Sabiendo esto pongamos que estamos, cibeles y yo, en una pista azul (leáse de risa) y veo un pequeño saltito de ná y digo: "Ves ese salto de mierda? Pues ya verás la ostia que me meto". Y gafe que soy, fémur que me rompo. De hecho la secuencia de la ostia debío ser algo por el estilo, porque ni la velocidad ni la altura justifican la fractura: Al saltar me desequilibro y clavo la punta del ski izquierdo en la nieve, el ski está mal reglao y, aunque salta, no lo hace cuando debe y me retuerce el fémur provocando que un trozo de unos 5 centímetros de hueso "salte" (en una analogía, escurre una toalla y que el trozo que esta entre tus dos manos salga despedido). La fractura hace que pierda la conciencia un segundo y no me proteja de la caída, con lo que fastidio el hombro, sin llegar a fracturarmelo, y estoy a un tris de partirme la nariz.
Para ser la primera vez en mi vida que me parto algo no me dolío tanto como creía. Logré ponerme boca arriba y avisar que me había roto la pierna (afortunadamente, hablo el gabacho). Rápidamente, cómo surgidos del frío (guiño), llegaron los socorristas, me inflaron a morfina y me trasladaron en moto hasta la estación. De allí me despedí de Cibeles (no soy consciente de todas las gestiones que hizo en todo ese tiempo pero en los diferentes papeles gabachos figuraba como mi esposa o mi novia rollo: "La esposa se hace cargo de las pertenencias personales del accidentado". Y yo sin disfrutar de noche de bodas ¡ains!) y me mandarón en helicóptero a un hospital en Saint Gaudens.
Entro en urgencias y de lo primero que me dicen es: "Te vamos a quitar el mono". Yo, horrorizado, exclamo: "¡Nonononono cortarme el mono!" y los cabrones me responden "No te preocupes, te vamos a quitar el mono". Damas y caballeros, ¡eso duele un huevo! Ahora tengo que hacer un pequeño inciso, para que entendáis bien lo absurdo de la situación. No tendré problemas con los hombres en que me entiendan, pero quizás a las mujeres les cueste un poco. Los hombres solemos tener unos calzoncillos especiales, ajustaditos, nunca blancos (de hecho en mi caso eran negros). Son nuestros calzoncillos de los domingos, o de los triunfos como se prefiera. En fin, una cucada (que cursi soy a veces). L@s enfermer@s me salvan el mono, cuando si hubiera sido por mi lo habría rajado por cuatro sitios con tal de que no me movieran la pierna, pero al ver mis calzoncillos farfullan entre ell@s, me miran con pena y uno me dice compungido: "Sintiéndolo muchísimo vamos a tener que cortarte los calzoncillos". ¿Qué queréis? Me dieron ganas de matarle. Al menos me consuela la idea de que se elegir unos calzoncillos espectaculares (no sé si esto colará con las tías, pero por intentarlo...).
En fin, como el día 3 era día del señor, me operaron el día 4. Cuando vino a visitarme el doctor después de la operación lo primero que dijo al entrar por la puerta fue "Un belle fracture" a lo que pensé yo "Me alegro que la hayas disfrutado ¡mamón!". Pero, la verdad, me alegro de que ese doctor me operara, no sólo la fractura ha sido "bella" sino que me la redujo de puta madre y la placa que me puso es la ostia (Confirmado por traumatólogos de 2 hospitales diferentes y por un fisioterapeuta privado). Y, no quedándose ahí, era paciente y simpático. De hecho, la Seguridad Social Francesa es semiprivada (costaba unos 14€ al día), pero le da mil vueltas a la española. De primeras, tenía habitación individual, un conjunto amplio de drogas en las que sustentarme incluyendo EPO, la droga con la que se dopaban los ciclistas y que provocó tanto revuelo en su día, y me hacían rehabilitación de la pierna todos los días.
Pero no todo era tan bonito, médicamente estaba bastante jodido, no por la fractura en sí sino por la perdida de sangre que tuve. Parece que en una operación de fémur se pierde 1 litro y medio de sangre y, al ser la médula del fémur una de las principales encargadas en la fabricación de hemoglobina, la recuperación de la pérdida de sangre se hace aún más dificil. Según tengo entendido, los niveles aceptables de hemoglobina son entre 13 y 17'5. Yo entré en quirófano el día 4 con 14'5 y salí con 7'5, pero con la hemorragia interna posterior llegué a 6'1 tres días despues. Os aseguro que no es trago de buen gusto sentirse como un viejo con 24 años. Una hemogoblina tan baja se traduce en un cansancio brutal y un riesgo de desmayo ante cualquier esfuerzo, hasta el punto de perder la respiración al mantener una charla normal. Pero como soy un chico joven y fuerte (y recordad chicas, con buen gusto para los calzones) decidieron no hacerme una transfusión de sangre. Yo llegué a desear que bajara aún más la hemoglobina para obligarles a transfundirme, pero bueno... Estuve muy jodido con este tema algo más de una semana. Mejoré mucho cuando me empezarón a administrar EPO 3 veces a la semana, el día que me lo inyectaban me convertía en un chico casi normal, que podía coger las muletas sin desmayarse y tener la suficiente dignidad como para alcanzar el baño. Pero los otros días volvía a convertirme en un anciano.
Y aunque en Francia estuve mejor cuidado que en mi patria, tenía una desventaja importante. No venía a visitarme nadie. Y eso se hace duro. Sí, durante la primera semana tuve las visitas de mis compañer@s de universidad, y mi padre viajo a Francia el mismo día de la operación. No estuve sólo, pero tampoco estaba con mi gente y en mi ambiente. Gracias a mi padre, que estuvo conmigo 24 horas al día, y a Seldon que me dejó su portátil, logré mantener la cordura (o la poca cordura que me quedaba) y no asesinar a alguien. Si hubiera sido por el doctor, yo hubiera llegado a Madrid en 1 semana, pero la incompetencia de Mapfre hizo que estuviera una semana más en Francia.
Vale, tengo que agradecer a los hados haber tenido un seguro que cubriera mi repatriación con Mapfre y la verdad es que excepto por un fallo que supuso un retraso de 1 semana, se portaron muy bien. Pero esa semana se hace muy larga. Resulta que tanto el médico como el seguro como todo dios estaba de acuerdo en que se me repatriara en avión con camilla para no tener que pasar por la cordillera pirenaica. Pero para poder montarme en un avión, tenía que tener una hemoglobina de al menos 9 para evitar posibles complicaciones con los cambios de presión. Eso me tuvo una semana en espera y para cuando estuve preparado, descubren que desde Toulouse (aeropuerto más cercano con vuelos a Madrid) no se fletan aviones con camillas. Y las alternativas que me dan son tan absurdas como cruzar pirineos hasta Barcelona para coger un avión o ir hasta París para la mismo. Con lo que al día siguiente pusieron una ambulancia que me llevara directo a Madrid dando un ligero rodeo vía Bilbao (para que todo fuera autopista). Y digo ligero, porque los conductores cogieron autopista, se pusieron a 160 y excepto para los peajes y para echar una vez gasolina no redujeron la marcha. En cinco horas y cuarto habíamos llegado a Madrid en un viaje relámpago (que me ha hecho desear comprar unas sirenas para mi forfi). Yo, desde luego, no les dije nada ya que me convenía no morirme de aburrimiento metido en un ataúd de 2x1x1. Pero pude pasar el rato llamando, por fin, a tod@s l@s colegas a los que no había podido avisar de mi percance.
Comparado con el hospital de Francia, en el que estuve aquí en Madrid queda por los suelos. Sólo en dos cosas puntuales supera a la atención recibida en el extranjero: La comida (increíble la de aquí) y una cama automatizada (en vez de necesitar a alguien para cambiar la inclinación de la susodicha). Todo lo demás una puta mierda. Desde el tiempo medio de respuesta de las enfermeras (no había enfermeros no me preguntes por qué) que era de 2 horas para traerte un calmante hasta el doctor que me atendió durante los 6 días que estuve hospitalizado, que el último día me pregunta para realizar la petición de radiografías si lo que me había roto era la cadera izquierda. Una noche las enfermeras no atendían a los pacientes y, claro, eso de habitación individual es sólo para los ricos, aquí habitación triple. El doctor que me atendió pasaba tanto del asunto (no sé por qué) que cuando le preguntaba yo si debía hacer ejercicios el me decía que hiciera lo quisiera, todos los movimientos que quisiera. Yo, deseoso de no perder masa muscular, empecé a hacer ejercicios ampliándo los que me mandaron en Francia ya que por esa época tenía más movilidad que antes. Hasta que me monté un músculo que me tuvo jodido 3 días. Y lo gracioso es que el traumatólogo de urgencias me echó la bronca por hacer ejercicios a mi bola. Un aplauso por el médico al cargo!!! Por supuesto, de darme drogas caras no hablemos, poquitas y con cuidado... así que en vez de calmantes de verdad aquí con nolotil y para la hemoglobina aguantoformo... Lo mejor de todo es que luego se quejarán de masificación en los hospitales, a mí me tuvieron 6 días para hacerme 2 controles de sangre. Como véis, cuando me dieron el alta me pusé muy contento, aunque tuve que esperar horas a que llegara una ambulancia con 2 personas y una camilla para poder subirme al piso de arriba de mi casa. De todas formas, tengo que agradecer en esta época la ayuda de mi madre (que tomó el relevo de los progenitores), a mi hermana (que me consiguió cama en un hospital con lo que pude volver de Francia) y a mi prima (que estuvo genial resolviéndome dudas y haciéndome favores, la conocéis de su boda).
Y aquí estoy, en arresto domiciliario pero contentísimo. Recibo visitas de mis amig@s. Tengo mis ordenadores con mi conexión a internet (aunque, claro, tuve que dejar el Planets) y el dolor va remitiendo poco a poco. Mañana me miran de nuevo y, si todo ha salido bien, me permitirán apoyar el pie y me darán la primera cita de rehabilitación. Yo me he quedado con una bonita cicatriz de unos 30 cm en el exterior del muslo. En 1 año o año y medio me retirarán la placa y, si la suerte me sonríe, no tendré ningún tipo de secuela. Así que tampoco parece mal negocio.
Frases a recordar:
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