Mutti y el picaporte

De toda la vida, mi madre ha regalado a mis hermanas y hermanos un libro, al cumplir los 30 años, con historias, anécdotas y reflexiones sobre su vida.

Yo, que soy un descolgado (11 años me separan de mi hermano más joven), siempre temí que la vejez o la ceguera impidieran a mi madre cumplir esta tradición tan maravillosa conmigo. Y debió escapárseme porque, con un esfuerzo ímprobo, mi madre consiguió realizar mi libro de los 30 años.

Desde entonces lo leo con frecuencia. Voy a reproducir una de las historias, en las que me escribe como si de una carta se tratase, y que es de aquellas que me han sorprendido y conmovido.

El picaporte

Nunca pensé que me encariñaría con un vulgar pestillo, pero desde tu reflexión, a la remanguillé, como siempre, de pasada, entre un saludo y una despedida…

“Es curioso, me había olvidado, pero durante años al volver del cole siempre me medía, sin que me vierais, con este picaporte.

Cuando llegamos a esta casa alcanzarlo suponía un esfuerzo… Ahora me parece mentira dominarlo desde arriba…”

El comentario fue medida perfecta del tiempo transcurrido.

Desde entonces, al entrar y salir, lo acaricio con especial ternura en tu recuerdo.

Es el de la puerta de cristales del salón.